Para una primera visita a s’Albufera des Grau, conviene centrarse en una zona pequeña. En Sa Gola, un canal comunica la laguna salobre con el mar, y el paseo permite apreciar cómo cambian los hábitats: plantas bajas que toleran la sal, bosque detrás de las dunas y, por último, la playa abierta. Detente en el puente de piedra y fíjate en lo estrecha que es esa conexión. Ayuda a entender la importancia del agua dulce que llega desde tierra, del agua de mar y de la evaporación.
Sa Gola es la opción más cómoda para empezar desde Es Grau, pero no es un circuito completamente llano ni pavimentado. Hay un mirador más alto y el recorrido completo regresa por la playa. Si utilizas silla de ruedas o llevas un carrito de bebé, planifica con el personal del parque un tramo más corto que se adapte a tus necesidades. Si prefieres observar aves a llegar hasta la arena, elige Santa Madrona y reserva tiempo para sentarte junto a una pantalla o en un observatorio. Intentar hacer deprisa los tres itinerarios oficiales resta buena parte del encanto a la visita.
La laguna es solo una parte del espacio protegido. El parque se extiende por el nordeste de Menorca, en los municipios de Maó y Es Mercadal, e incluye campos en explotación, la costa de Favàritx, el entorno de Addaia, islotes y aguas marinas. Illa d’en Colom forma parte del mismo parque, pero visitarla supone una salida por mar independiente, con límites estrictos de desembarco y acceso. No es una prolongación de los senderos de la laguna.
Este paisaje ha sido modelado tanto por las personas como por el agua. Las paredes de piedra seca separan los pastos, junto a la laguna se conservan construcciones de la pesca tradicional y la protección del espacio llegó tras años de movilización ciudadana. Puedes disfrutar de la mañana sin identificarlo todo: compara las siluetas de las aves, observa dónde los carrizos dejan paso a plantas costeras más resistentes y deja que unos minutos de calma te descubran más que una vuelta apresurada. Lleva la guía de campo definitiva contigo: usa la app Snappit para identificar aves, plantas y animales.
El parque se declaró en 1995 y se amplió en 2003, cuando también se declararon las reservas naturales asociadas. La movilización ciudadana ayudó a proteger el paisaje de la laguna frente a grandes proyectos urbanísticos. Las huellas de usos más antiguos siguen siendo visibles: los corrales de pesca de piedra y las estructuras de regulación del agua de Sa Gola muestran cómo se gestionaba la laguna para pescar, mientras que hoy el intercambio de agua también se regula con fines de conservación. El centro de recepción lleva el nombre del botánico menorquín Joan Joaquim Rodríguez i Femenias. El parque constituye el núcleo de la Reserva de Biosfera de Menorca, no la totalidad de la isla.